Al
escuchar la palabra “competencia” lo primero que venía a mi cabeza era la
imagen de una competición como tal, en la cual existen al menos dos personas
luchando una contra otra por alcanzar una meta final: ganar.
Pero
también lo asociaba con el hecho de ser competente en lo que cada persona se desempeña
tal y como lo define el DRAE “persona experta que conoce bien una disciplina o
una técnica, o que tiene capacidad y aptitudes para ocuparse de ella”
El
Lic Carlos González de la Facultad de Contaduría y Administración de la
Universidad de San Luis Potosí México indaga y profundiza sobre el tema en su
artículo Competencias Gerenciales publicado en 2007 en la página de
Gestiopolis.com y lleva a cabo una investigación exploratoria sobre las competencias en los niveles
gerenciales.
Si
en un sentido amplio las competencias laborales constituyen el conjunto de
capacidades que posibilitan el desarrollo y adaptación de la persona al puesto
de trabajo y si las empresas no son más que un conjunto de personas que llevan
a cabo actividades para la consecución de objetivos planificados, es necesario
asociar competencias laborales a objetivos estratégicos.
En
toda empresa, ya sea que se cuente de forma escrita o no, existe un perfil de
puesto previamente concebido en el cual se detallan tipos de conocimiento o
logros académicos que debe poseer el candidato idóneo como conocimientos en
informática, contabilidad financiera, análisis
financiero, maestrías o doctorados pero también debe contar con otras
características cualitativas como el liderazgo, el trabajo en equipo, capacidad
de síntesis y otras capacidades específicas precisas para garantizar el éxito
en el puesto.
Tal
y como lo señala González antiguamente las personas respaldaban su desempeño
basados en los años de antigüedad en la compañia, lo cual era suficiente para
ser considerados para la promoción a nuevos cargos. Las nuevas corrientes sobre
gestión del talento humano y evaluación de desempeño me hacen preguntarme: Qué
tal si esa persona pasó años desempeñándose en un puesto en el cual era eficaz pero
no se le gestionó para hacerse cargo de un puesto donde además de eficaz fuera
eficiente?
Los
cinco elementos fundamentales de: Saber, Saber hacer, Saber estar, Querer hacer
y Poder hacer son los que componen las competencias es la conjugación del conocimiento adquirido,
la práctica adquirida por la experiencia además de saber desarrollarse en un
entorno organizacional, tener la motivación necesaria para llevar a cabo las tareas
encomendadas y la posibilidad de llevar a cabo el desempeño de la competencia;
ya sea por cuestiones de empoderamiento en el puesto de trabajo o a situaciones
más complejas como limitaciones de presupuesto y otras.
Los
resultados obtenidos en la investigación exploratoria realizada a 45 puestos
gerenciales en San Luis Potosí son por demás interesantes ya que señalan la
competencia para la comunicación como indispensable en los tres puestos
gerenciales evaluados: alta gerencia, gerencia intermedia y gerencia de
operación. Me resulta lógico pues son éstos los encargados de hacer llegar en
una especie de efecto cascada, desde la Junta Directiva de la empresa hasta las
áreas operativas, los fines y objetivos de la organización.
Competencias
como la Planeación y Administración son consideradas indispensables para la
alta gerencia y descienden a deseables en la gerencia intermedia y gerencia de
operación; lo que a mi parecer limita las funciones de éstas últimas dos a simplemente
ejecutar tareas sin oportunidad realmente de dirigir. El trabajo en equipo es
indispensable para la alta gerencia y lo son un poco menos para la gerencia
intermedia y de operación lo cual me lleva a preguntarme: ¿Qué acaso un
edificio no se sostiene por sus bases?
De
las 45 gerencias encuestadas el 100% de puestos de Alta Gerencia corresponden
al género masculino y en las gerencias intermedia y de operación el porcentaje
más alto es de gerentes masculinos que femeninos. Podría pensar que esto es
debido a la cultura machista aún predominante en los países latinoamericanos pero
la clasificación de todas las empresas de la lista Fortune Global 200, indica
que la tasa promedio de mujeres directivas es de 17.3%. Menos de un 5% de las
compañías más importantes del mundo son dirigidas por mujeres.
Los
administradores tienen frente a sí el desafío de gestionar a su talento humano
empoderándolos para el fortalecimiento de sus capacidades no solo intelectuales
sino conductuales pues el éxito de una empresa se basa en la calidad y en la
disposición de su equipo humano. Cuanto más integrado se encuentre su equipo y
más se aprovechen las cualidades de cada uno de sus integrantes, más fuerte será
la empresa.

Einstein decía "locura es seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes". Considero que si las mujeres se enfocaran más en delegar y en menos "perfeccionamiento", el nivel CEO aumentaría a nivel mundial. Conozco muchas mujeres que son increíbles en su trabajo, pero al no delegar se vuelven "indispensables" en los puestos. Mi hipótesis es "deleguen y encontrarán el crecimiento ejecutivo que son capaces de realizar, en muchos casos, mejor que lo que un hombre puede dirigir una compañía".
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